Jesús Campos García
Autor teatral, director y escenógrafo

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DE UN LIBRO DE MEMORIAS QUE ESPERO NO ESCRIBIR

 

1-escriba 2-Un-turbio-pasado 3-La-tierra-de-Jauja 4-corre-a-ver-si-llega 5-Llego-tarde
6-Camello 7-Espejito 8-homenaje-postumo 9-En-blanco-y-viendolas-venir 10-pensando-en-salirse-de-la-foto
galeriaimg/autor/red/11-Buscando-su-sitio-en-el-bosque 12-Signos-que-no-palabras 13-la-noche-de-Max-Estrella 14-A-Lope-en-la-escalinata-de-la-BNE 15-jugando-con-teatrito

 

Nacer nací en Jaén (1938), donde viví dieciséis años: la posguerra. Y aunque entonces no era consciente —aquello para mí era la infancia—, el eco de la muerte estaba allí. Un día, tendría once años,  me encontré una bomba. Normal, tiraron tantas que alguna no explotó. Y ya fue mala suerte, que aquel hallazgo bien pudo costarme la vida. Pero no, que por más que la apedreamos, no hubo forma de hacerla estalla. Otra suerte, esta vez de la buena. Yo es que siempre he tenido mucha suerte, unas veces mala y otras veces buena, pero siempre mucha. Digamos que tengo la suerte descompensada.

La buena fue que un circo, en el que hacían teatro, se instalara en Jaén cada verano. Mi padre me llevaba —jugar siempre fue mi fuerte— para verlos jugando a que eran otros. Del estudio se encargaba mi madre, que hacía de lo difícil el momento del día más deseado. Pero murieron. Y esa fue mi peor posguerra. Dejar estudios y otros desarraigos —ruina incluida— era otra forma de tirarse a un pozo del que había que salir. Y no solo una vez, que fueron tantas como naufragios hubo. Una biografía de altibajos, que el altibajo llegó para quedarse. Y así fue como aprendí a "guadianear", que cuando el aire se vuelve irrespirable, me sumerjo en la tierra y, a resguardo, continúo avanzando hacia la desembocadura sin más anhelo que el de desembocar.

Y os cuento esto, en el vestíbulo de mi casa web, para que cuando me encontréis en plena acrobacia, sepáis que tengo un centro de gravedad al que me debo y al que se debe mi precario equilibrio. De ahí mi amor a las raíces en las que me sustento, que es de esa amargura de la que se nutren mis juegos. Sí, todo árbol se debe a una semilla, y ojalá que jugando sepamos encontrarla, porque entre todos podríamos ser un bosque.

Jesús Campos García.