Jesús Campos García
Autor teatral, director y escenógrafo

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Danza de ausencias

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Por Teatro A Teatro.
Festival de Otoño, Museo del Ferrocarril de Madrid, 2000.


La expectativa de la muerte no es un buen estímulo para el consumo. Al parecer, el paso del tiempo sólo nos conduce a las vacaciones estivales, a la temporada otoño-invierno, a la Navidad, a la moda de primavera; señuelos que el mercado promueve como horizontes deseables, pues jamás el marketing toleraría una reflexión de más alcance. Por otra parte, nuestro ocio se puebla de muertos noticiados, cadáveres de ficción o simples comecocos (asesinatos sincopados), como si lo habitual fuera matar, cuando lo único obligado es morirse. De esta suerte, la muerte, en otra hora la Enemiga, se ha ido convirtiendo en la Ignorada.

Con la insolencia que supone desafiar las leyes del mercado, este espectáculo itinerante propone varios “tránsitos” que convierten la presencia en ausencia, sin que la parafernalia de premios y castigos, tan en boga en otros tiempos, perturbe la esencia de lo que supone culminar la vida conscientemente.

Vidas contempladas en el espejo de su muerte son, pues, lo que aquí se muestra, sin más pretensión que la de reconciliarnos con lo inconveniente; que estas piezas, meros juegos teatrales, carecen del carácter aleccionador, cuando no amenazante, que tuvieron sus precursoras de antaño, lo que no es óbice para que se aderecen con su miaja de metáfora y, por qué no, de intención.

La inexplicable convivencia de la cultura con la milicia, de la civilización con la violencia. Cómo la sociedad del bienestar acaba convirtiéndonos en estorbo. El doble valor, real o sublimado, de nuestros desechos. El Poder perpetuándose, con su taimada destrucción y reconstrucción. Estas y otras cuestiones son la sustancia que fundamenta estas Danzas, sobre lo que versan, lo que subyace en ellas; vamos, el meollo. Si bien, doy fe, jamás hice intención de escribir sobre temas de tanta enjundia; mas esto, creo, es lo que se desprende de su lectura, y tal fue la razón de ordenarlas así, y de elegirlas entre otras. (Tengo escritas siete que pudieron o podrían ser más, que éste es un espejo poliédrico con tantas caras como miradas).

Por tanto, pese a quien pese, y aunque se arruine el mercado, participemos de este rito que nos viene de antiguo con la Dança General o macabra, y al que le deseamos tiempos venideros para que podamos seguir enfrentándonos al máximo acto agónico de nuestra existencia. Existencia que, paradójicamente, será inmortal mientras nos sea posible reflexionar sobre nuestro destino mortal.

Jesús Campos García.

 

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